Aquél día había comido con una amiga que acababa de divorciarse, y me decía: "Ahora tengo toda la libertad con la que siempre he soñado." ¡Es mentira! Nadie quiere ese tipo de libertad, todos nosotros queremos un compromiso, una persona que esté a nuestro lado para ver las bellezas de Ginebra, discutir sobre libros, entrevistas, películas o compartir un sándwich porque el dinero no da para comprar dos. Mejor comer la mitad de uno que comerlo entero. Mejor ser interrumpido por el marido que desea volver pronto a casa porque hay un importante partido de fútbol en la televisión, o por la mujer que se detiene delante de un escaparate e interrumpe el comentario sobre la torre de la catedral, que tener Ginebra entera para uno mismo, todo el tiempo y el sosiego del mundo para visitarla.
Es mejor tener hambre que estar solo. Porque cuando estás solo, y no hablo de la soledad que escogemos, sino de la que nos vemos obligados a aceptar, es como si ya no formases parte de la raza humana.
[...] Cuento todo eso porque, aunque el Eclesiastés diga que hay tiempo de romper y tiempo de coser, a veces el tiempo de romper deja cicatrices muy profundas. Peor que caminar solo y miserable por Ginebra, es tener a alguien a nuestro lado y hacer que esa persona se sienta como si no tuviese la menor importancia en nuestra vida.
Paulo Coelho - El Zahir.
Y creer que estás solo cuando tenés a alguien al lado que estuvo siempre junto a vos es incuso peor, porque no sólo te amargas innecesariamente, sino que desprecias todo lo que hizo esa persona por vos, sin darle importancia. Creo que jugué ambos papeles y cuando caés en la cuenta de lo que está pasando se viene todo abajo. Tiempos de romper he pasado mucho y creo que algunos todavía no terminaron de coserse, quizás se termine, quizás no. Pero siempre quedan las marcas y es de eso de donde tenemos que aprender. No se puede pretender estar inmaculado, completamente limpio, sin marcas y sin haber marcado a alguien, pero queda en cada uno qué hacer con esas marcas. No se llega a ningún lado con lamentaciones. Llega un punto en el que hay que dejarla estar, en algún momento va a disminuir, y eso nos va a ayudar a evitar que nos vuelva a suceder si es que sabemos interpretarlas.
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