Etiquetas

viernes, 28 de enero de 2011

Cuando aparece ese pensamiento, que es como la primer piedra que provoca una avalancha, luego del ofuscamiento inicial. te das cuenta de que es tarde. Intentás pararlo de cualquier forma: pensando en otra cosa, escuchando música, hablando con una persona, no pensando. Pero es imposible. El daño ya está hecho. Empieza con una tonta pregunta, una palabra insignificante, o un recuerdo inquebrantable y no para hasta ocupar todas y cada una de las partes de tu cerebro torturándote con su inamovible intensidad. Cuando llega ese momento lo único que se puede hacer es dejarlo estar. Permitirle alcanzar cada fibra de nuestro cuerpo y que descargue toda su fuerza inicial, porque si intentamos frenarlo va a regresar con su brutalidad potenciada.

1 comentario: