Y el pájaro voló. A veces sueño que soy ese ser capaz de sentir que puede ir hacia donde desee con tan solo elevar sus alas y dejar que el viento corra entre sus intrépidas plumas. No hay momento que me haga más feliz cuando siento el cuerpo ingrávido, ágil, manejable pero a la vez completamente salvaje y libre.
Luego abro los ojos, resaltando la soledad de la prisión de este cuerpo. Se acabó, estoy sobre una blanda cama de paja en un lugar al que siempre supe que no pertenecía. Quiero volver a ser ese pájaro libre que creo que alguna vez fui y que sólo por las noches, en esta prisión de carne coral y frío metal, puedo volver a ser, travistiendo mi realidad monótona y constante en un mensaje onírico de deseo de libertad y autonomía, dejando de lado todas las ataduras rutinarias a las que me obligan a atenerme, siendo ese ser emplumado capaz de hacer una simple melodía musical con su felicidad y siempre, pero siempre, sintiendo el viento correer entre sus plumas como yo en un momento (supongo) sentí.
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