Compartir o no compartir tu lucha queda en vos, esa carga de inclemencia que llevás en la espalda, sumado a tu curiosidad épica de la vida y a tu capacidad de correr riesgos, deja abandonadas a su suerte las sonrisas.
Y el mar, con su vaivén de golpes continuos atrapa tus ojos y los lleva lejos, donde nadie te puede alcanzar.
¿Qué tan especial es ese lugar que no podés soltar?
Indiferente a los cambios, intentás sostener sobre tus hombros el paso del tiempo, incapaz de facilitar una ayuda a tu favor.
El sufrimiento y el placer, siempre divididos por una delgada línea de papel, y vos, en todo momento sobre ella, tambaleándote sobre tu voluntad inquebrantable.
¿En algún momento te abrirás y dejarás ser parte de vos?
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